Un rasgo poco valorado que todo docente necesita

Hay un rasgo de los docentes que tiene el poder de reducir su estrés, de convertirlos en educadores más completos, de conseguir que disfruten más de la enseñanza, de mejorar sus relaciones con estudiantes y colegas de profesión y de obtener una visión crítica de sus alumnos. Y es algo que nunca se menciona en los círculos educativos, pero que poseen los maestros más efectivos. Se trata de la conciencia, la capacidad de estar presente y alerta al mundo que nos rodea. Y la buena noticia es que es un rasgo que se puede desarrollar de forma natural siguiendo algunas pautas simples, como se encarga de recordar el profesor Michael Linsin en su blog Smart Classroom Management.

Habla menos

La mayoría de los docentes se beneficiarían al reducir la cantidad de clases magistrales que imparten en un aula porque hablar demasiado consigue que los estudiantes desconecten. Cuanto menos hables, por otro lado, más impactantes serán tus palabras. Hablar menos también libera tu atención para tomar el pulso al aula, anticipándote cuando está a punto de descontrolarse la clase por ejemplo. Pero hay que hacer un esfuerzo para que tus palabras sean más provechosas e incluso apartarse del tema cuando sea necesario.

Ve más despacio

Al tomarte tu tiempo, esperar y detenerte, tu percepción se vuelve más aguda y más refinada. Podrás incluso asimilar la información que necesitas respecto a las fortalezas, debilidades, el lenguaje corporal o los niveles de energía de tus estudiantes para ajustar tu clase en función de estas variables. Al reducir la velocidad, también eliminas el desorden mental que provoca la acumulación intensiva de información y favoreces la capacidad de concentración de tus alumnos.

Docentes menos estresados, docentes más eficientes

Observa más

Es importante tener una mentalidad de observación todo el tiempo. Esto implica menos libertad para tus estudiantes, pero en cambio desarrollarás un reconocimiento y una comprensión más rápidos de tu clase, lo que repercutirá en mejores lecciones y una comunicación más clara.

Respira

Cuando estás estresado, ansioso o preocupado, tu respiración se debilita. Tu visión se estrecha. Tus sentidos se contraen. Tu preocupación por ti mismo y cómo te sientes se profundiza y limita severamente tu capacidad de enseñanza. Te pones rígido y no puedes ser tú mismo. No puedes pensar en historias, conexiones o humor que sean clave para que el aprendizaje cobre vida. En consecuencia, tus alumnos también lo ven tenso y aburrido. El antídoto es respirar hondo, lo que abrirá tu perspectiva sensorial y la mantendrá ágil y atento al presente. Te permitirá ser tú.

Lidia con la falta de experiencia

Los maestros que se apresuran, hablan mucho, tienen una visión estrecha sobre el mundo que les rodea y respiran mal, parecen dispersos, enfadados e inseguros de sí mismos. El trabajo se les hace demasiado grande y abrumador y sus lecciones no son interesantes. Como resultado de esto, los estudiantes los ponen a prueba y se aprovechan de ellos. Pero sus luchas no tienen nada que ver con la inteligencia. No es que no estén preparados para el trabajo o que no tengan la habilidad de enseñar. Es que carecen de la experiencia y es la razón por la que sienten que nada de lo que hacen funciona y están estresados, sin poder ser el docente que pueden y deberían ser.

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