¿Es real la “pérdida de aprendizaje” durante los meses de verano?

No son pocos los estudios e investigaciones que apoyan la idea de una significativa pérdida de lo aprendido por nuestros jóvenes en el curso durante los meses de verano.

Aunque también hay estudios que consideran que las brechas de conocimiento entre alumnos de la misma edad se forman antes de los cinco años e incluso antes, por lo que ya estaban presentes cuando los estudiantes estaban en las escuelas infantiles.

Incluso hay quien apunta a las escuelas como origen de las diferencias de nivel académico.

Sea como sea, cuando concluye el año escolar comienzan los mensajes de prevención sobre la pérdida de aprendizaje que sus hijos pueden sufrir durante el verano y se aconseja a los padres que compren nuevos libros para sus hijos, que los lleven a museos y que los inscriban a campamentos.

Y es un mensaje que cala porque solo hay que pararse a pensar: ¿quién no quiere que sus hijos pasen los veranos de manera más productiva que durmiendo y jugando Fortnite? Pero muchas de las ideas sugeridas para detener el contratiempo del verano asumen que todos los padres disponen de unos ingresos, una flexibilidad laboral y un nivel cultural que no todas las familias tienen.

Se ignoran las variaciones en la educación de los padres, los niveles de alfabetización y el acceso a la tecnología. Esta ignorancia por las diferencias de clase social es particularmente preocupante. Así como también es preocupante presuponer que son las familias, y no los educadores, quienes deben promover el aprendizaje en áreas especializadas como las matemáticas, la lectura y la ciencia.

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