Cómo aplicar el mindfulness en el aula

La profesora de biología Erica Kosal, que trabaja en el North Carolina Wesleyan College, relata cómo después de leer y escuchar acerca de los beneficios físicos y mentales de la meditación, decidió comenzar a practicarla hace unos años. Y esto le condujo a conversaciones con otros docentes de su escuela en las que se plantearon la idea de llevar el mindfulness al aula.

El mindfulness es una forma de hacer una pausa y reflexionar sobre el aquí y el ahora. Estar completamente centrado en lo que está sucediendo en el presente, sin preocuparse por el futuro o el pasado. La idea es que la enseñanza de esta filosofía y su práctica en el aula deberían permitir a los estudiantes liberar la tensión y la ansiedad para que puedan centrarse en el aprendizaje, en lugar de llegar a su clase lamentándose por el último examen o por la lista de tareas pendientes.

Erica Kosal cuenta cómo junto a otros diez docentes formó una comunidad de aprendizaje en la que exploraron la literatura sobre el uso del mindfulness en el aula y practicaron algunos de los ejercicios sugeridos. Durante un año académico se reunían cada varias semanas para compartir experiencias.

Todos compartieron al principio como la mayoría de los estudiantes se sentían ridículos al participar en las actividades y no entendían cómo cinco minutos de prácticas meditativas realmente les podrían ayudar. Pero con el paso de las semanas, esperaban impacientes el momento de esas prácticas para aclarar sus mentes y concentrarse en la clase. Algunos estudiantes incluso señalaron que estaban usando las prácticas por su cuenta, por ejemplo antes de comenzar una tarea o una sesión de estudio, e incluso antes de la práctica de alguna actividad deportiva, y que favorecía su rendimiento.

Actividades con las que aplicar mindfulness en clase

En cuanto a las actividades a realizar, esta docente recuerda que “no a todos los estudiantes les gustan las mismas cosas y es bueno exponerlos a una variedad de técnicas para que puedan encontrar algo que haga clic para ellos”. Entre otros ejemplos, indica que han utilizado con éxito meditaciones guiadas de cinco minutos, escuchando una pieza clásica de música; escritura reflexiva donde insta a los alumnos a escribir libremente sobre un tema en particular; ejercicios donde un alumno mueve lentamente partes del cuerpo y otro imita estos movimientos; y prácticas de concentración en las que deben observar con atención una obra de arte que posteriormente se retira, se vuelve a enseñar y nuevamente a retirar. Con la práctica, los estudiantes entrenaron sus habilidades de observación y notaron detalles en las imágenes que no habían visto antes.

Según la experiencia de Erica Kosal, las sesiones de meditación guiada fueron las más populares entre sus estudiantes, a quienes gustaba la calma resultante y que les hacía sentir el espacio del aula como un lugar más atractivo. También disfrutaron y se rieron mucho con los ejercicios imitando los movimientos de los compañeros. Y el que menos gustó a sus alumnos fue sin duda el ejercicio de escritura reflexiva porque no les parecía relajante al considerar que “tenían que pensar demasiado”. Y todas estas actividades con las que trabajar el mindfulness llevan apenas 5 minutos.

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