¿Cuáles son las características de una buena pregunta?

Las preguntas son unas de las herramientas fundamentales que utilizamos en educación. Pero cuál es la diferencia entre una buena pregunta y una mala pregunta. Depende, por supuesto, de a quién le preguntes. Pero también depende tanto de la abstracción (es decir, el concepto de “bueno” o “malo”) como de su propósito.

No puede medirse la “calidad” de una “cosa” sin conocer su propósito o intención. Por ejemplo, unas instrucciones son buenas si consiguen su propósito y permiten que quien las recibe consiga su objetivo. Pero volvamos a la diferencia entre una buena y una mala pregunta y vayamos directamente al grano.

Una buena pregunta hace pensar y conduce a más preguntas. Las buenas preguntas aclaran y revelan. Causa esperanza. Por el contrario, una mala pregunta no te hace pensar. Confunde y causa dudas.

¿Y cuál es el propósito de la pregunta? Dos de las funciones más comunes de una pregunta son evaluar el conocimiento (evaluativo) o provocar un pensamiento (retórico). El primer paso es entender su propósito, pero el segundo es asegurarse de que lo logre. Si no es así, es una mala pregunta.

Repasamos las características de una buena pregunta:

1. La pregunta tiene un propósito claro (ya sea evaluativo o retórico)

2. La pregunta no se limita a si un estudiante puede o no responder, sino que revela un aprendizaje

3. La pregunta fomenta la comprensión y la transferencia de conocimiento, no el éxito ni el rendimiento. Invita a pensar y conduce a un conocimiento más profundo.

4. La pregunta da lugar a nuevas y mejores preguntas.

5. La pregunta debería venir (más a menudo) del estudiante, no del maestro.

6. La pregunta provoca conexiones útiles, tanto interpersonales entre estudiantes como entre contenidos.

7. La pregunta requiere que los estudiantes se acerquen a su respuesta de distintas maneras, que interpreten y unan varias fuentes de información para dar una respuesta de calidad.

8. La pregunta puede ser respondida de múltiples maneras.

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