Educación inclusiva, una oferta individualizada por el bien común

Educación inclusivaLa inclusión educativa no es una nueva corriente de pensamiento, una moda pasajera o una de las cinco tendencias que, según los expertos, transformarán la enseñanza durante los próximos años. Se trata, más bien, de un deseo, de un objetivo que todas las sociedades desarrolladas deberían tener en su horizonte, porque lo que persigue es que toda la población tenga derecho a una educación y lo tenga, además, en las mismas condiciones. Al contrario de lo que tendemos a pensar, el concepto no sólo hace referencia a la necesidad de garantizar el acceso a la enseñanza a las personas con algún tipo de discapacidad, sino que incluye también a las minorías étnicas o culturales y a las personas con menos recursos económicos.

Según la Unesco, “la inclusión se ve como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación”. O traducido a un lenguaje más llano: que los sistemas educativos de todo el mundo deberían ofrecer el mismo menú pedagógico para todos sus alumnos, aunque cada uno necesite un plato y unos cubiertos distintos para degustarlo, individualizados, adecuados a sus características culturales, físicas, psíquicas o de cualquier otra índole.

El propósito es muy ambicioso y la tarea, extremadamente compleja. Tal y como prosigue la Unesco en su definición de educación inclusiva: “Involucra cambios y modificaciones en contenidos, aproximaciones, estructuras y estrategias, con una visión común que incluye a todos los niños y niñas del rango de edad apropiado y la convicción de que es la responsabilidad del sistema regular educar a todos los niños y niñas”. Por fortuna, estos cambios ya están empezando a producirse, y en ellos están jugando un papel muy relevante las nuevas tecnologías.

Educación inclusiva 3Porque, además de adecuar los programas educativos y de reformar los centros de enseñanza para que todo el mundo pueda acceder a ellos sin dificultades (con rampas para minusválidos y carteles en braille o auditivos), de lo que se trata es de facilitar el acceso en igualdad de condiciones a los contenidos. Y eso sólo tiene un camino: personalizar e individualizar al máximo el aprendizaje, con equipos de apoyo, una correcta planificación de las necesidades de cada alumno y unos planes formativos adaptados a todo ello. Algo que ya están haciendo algunas de las herramientas tecnológicas que empiezan a llegar a las universidades, como las plataformas MyLabs de Pearson.

Como sucede con la mayoría de nuevos desarrollos tecnológicos, también se están elaborando unos estándares comunes a todas estas nuevas herramientas educativas, para garantizar su eficacia y correcto funcionamiento. Estas pautas comunes abarcan desde la necesidad de introducir las búsquedas por voz (como por ejemplo ya ha hecho Google) o los lectores de pantalla (como ORCA) para las personas con problemas visuales, hasta la incorporación de subtítulos en vídeos e imágenes (cosa que ya ha hecho YouTube).

En el caso de los textos y las imágenes, también existe un consenso sobre aspectos a tener en cuenta para que todo el mundo pueda navegar por ellos sin dificultades en los entornos digitales. Por ejemplo, utilizar tipografías lisas (tipo Sans Serif), tamaños de letra grandes (al menos de 12 puntos), alineaciones a la izquierda, textos centrados en página y que puedan verse en su totalidad sin necesidad de utilizar las barras de navegación, resaltar los términos con mayúsculas en lugar de con colores, emplear un contraste que permita que el texto destaque sobre el fondo y optar por imágenes fáciles de entender y de un tamaño mediano, siempre acompañadas de un título o de un pie.

MyLab&MasteringMuchas de estas premisas ya están presentes en el lector de textos eText de MyLab&Mastering y MyLab en español. Al fin y al cabo, el objetivo de estas herramientas coincide en gran parte con el de la educación inclusiva: que los estudiantes puedan adecuar sus ritmos de estudio a sus necesidades específicas, siempre bajo la supervisión y el acompañamiento de los profesores y las instituciones educativas.

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