Mindfulness: el poder de la concentración

MindfulnessEl que mucho abarca, poco aprieta. El refranero español es tan sabio que sirve para describir situaciones que ocurren prácticamente a diario, en un mundo cada vez más marcado por la sobreinformación y también nos ayuda a escribir una introducción sobre el mindfulness. Porque es inagotable la cantidad de datos que llegan hasta nuestro cerebro por tierra, mar y aire (o mejor dicho, a través de la televisión, los periódicos, la radio, las revistas, Internet y los teléfonos móviles). Y absorberlos todos no sólo resulta imposible, sino que en la mayoría de ocasiones terminamos por no asimilar absolutamente nada.

Está sobradamente demostrado que el homo sapiens del siglo XXI es el más distraído de todos los que han pisado la faz de la Tierra. Y razones no le faltan, ya que basta con que uno se ponga a leer las noticias mientras desayuna para verse inmediatamente interrumpido por un WhatsApp, una llamada, un grito, el timbre del telefonillo o el ladrido del perro del vecino. Concretamente, y teniendo en cuenta las estadísticas, a duras penas llegamos a alcanzar los 11 minutos de concentración absoluta en un determinado asunto. Y a partir de ahí, 20 minutos de despiste y vuelta a empezar.

Aparte de convertirse en un tremendo problema a la hora de estudiar o trabajar, la excesiva cantidad de agentes distractores que nos acosan constantemente suele repercutir en importantes desórdenes mentales: estrés, irritabilidad, ansiedad… Queremos prestar atención a todo y terminamos por darnos cuenta de que no nos estamos enterando de nada, y eso agobia. Nuestro cerebro da para lo que da: atención plena en un asunto determinado y poco más. El tópico de que los hombres no son capaces de hacer más de una cosa a la vez (si de lo que se trata es de hacerla bien) no es tan tópico y no afecta sólo a los hombres, sino al ser humano en general.

Mindfulness significa algo así como atención plena o máxima concentración

Y la solución, como sucede con muchos otros problemas del mundo actual, requiere entrenamiento y esfuerzo. Se dice que prácticas tan antiguas como correr (running) o buscar la paz interior (yoga) se han vuelto a poner de moda por la necesidad que todos tenemos de relajarnos y combatir el estrés. Pues bien, algo similar está sucediendo en el caso de la educación, aunque en ese caso la medicina ha sido bautizada como mindfulness (que viene a significar algo así como atención plena o máxima concentración).

Esta práctica también bebe de una disciplina muy antigua, concretamente del budismo. Al parecer, hace más de 2.500 años que los monjes budistas ya realizaban ciertos ejercicios para combatir la ansiedad, ser más creativos y tener las ideas más claras, además de contar con una capacidad de reacción más elevada ante los problemas y disfrutar en mayor profundidad de lo que hacían en cada momento. Y eso es, básicamente, lo que trata de hacer el mindfulness: entrenar al estudiante para que sea capaz de concentrarse completamente en lo que está leyendo, algo especialmente útil en las temporadas de exámenes.

Los expertos recomiendan dedicar entre 5 y 20 minutos diarios a buscar la paz interior, limpiar la mente y multiplicar nuestra capacidad de absorción. Un tiempo que debe emplearse para entrar en contacto directo con nuestros sentidos y aislarnos completamente del mundo que nos rodea. Y eso puede hacerse tocando cualquier cosa con los ojos cerrados hasta percibir el más mínimo detalle de su textura, metiéndonos alimentos en la boca y experimentando lentamente sus sabores, pintando y coloreando como si fuéramos alumnos de Primaria e incluso recurriendo a las técnicas más básicas para aprender a respirar.

También hay herramientas tecnológicas que tienen como principal objetivo mejorar la concentración de los estudiantes y aprovechar los periodos en los que ésta alcanza su máximo nivel. Por ejemplo, MyLab en español y MyLab&Mastering de Pearson, dos plataformas que incluyen textos, pero también materiales educativos complementarios para aumentar la motivación (y por tanto, la atención) del alumno. O también CONTEN, otra herramienta de Pearson que ofrece a los estudiantes la posibilidad de crearse su propia biblioteca educativa, lo que implica una tarea de búsqueda y posterior lectura que multiplica exponencialmente la retención de los contenidos.

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